Gijón, cuyos primeros restos prerrománicos datan del año 5000 a.C., es una ciudad que también posee numerosos restos del patrimonio romano. Fue, además, una ciudad eminentemente industrial, cuyos edificios y monumentos tuvieron que ser reedificados una y otra vez por las guerras sufridas, las primeras tras la muerte de Alfonso XI, la última, la guerra civil. Hoy, Gijón orienta más sus esfuerzos hacia el sector servicios, especialmente hacia el turismo.
Prehistoria y Romanización
Para conocer la historia más antigua de Gijón hay que remontarse, aproximadamente, al año 5000 a.C., año del cual se encontraron una serie de túmulos (enterramientos primitivos) en el Monte Deva, así como treinta dólmenes agrupados en “un cierto orden monumental” y repartidos entre los sectores de Los Llanos y Les Huelgues de San Pablo.
Del siglo V a.C. se han encontrado, en el límite occidental del concejo de Gijón (la Campa Torres), los restos de un importante castro, reconocido como Noega, que pudo estar habitado por gens astur de los cilúrnigos, y cuya población probablemente se dedicase a la calderería debido a la gran cantidad de piezas metálicas y hornos de fundición aquí hallados. Noega es la ciudad amurallada más importante del territorio costero astur.
Parece ser que, a partir del siglo I a.C. se abandonó la Campa como asentamiento y, ya bajo dominación romana, se trasladaron a la península del Cerro Santa Catalina, que adoptaría el nombre de Gigia. Este nuevo poblado ocuparía unas siete hectáreas de terreno y sería un punto clave de la península por el paso obligado de las rutas marítimas que se dirigían a la Galia y porque era donde se iniciaba un importante eje de comunicación norte-sur (la hoy llamada Ruta de la Plata) cuyo final estaba en Sevilla.
De la Edad Media al Renacimiento
Bajo el gobierno de Munuza, Gijón sería la capital de los dominios transatlánticos musulmanes durante el tiempo que durase la dominación (entre 713 hasta 722, momento en que el Rey Pelayo les expulsó).
Del siglo IX a 1270, cuando Alfonso X le concedió a la ciudad la Carta Puebla que recogía una serie de importantes atribuciones comerciales y administrativas, ésta parecía no existir.
Sin embargo, tan sólo cien años después Gijón fue cercada, incendiada y arrasada por una lucha dinástica producida, tras la muerte de Alfonso XI, entre Pedro I El Cruel su hijo legítimo y el bastardo, Enrique de Trastamara y, más tarde, entre el conde Alfonso y Enrique III. Empieza otra vez una época de decadencia para la villa que no terminaría hasta que, en 1480, los Reyes Católicos le concedieran una licencia para reconstruir su puerto, que convertirá a Gijón en el principal enclave marítimo de Asturias.
La era de Jovellanos
En 1794, Jovellanos funda el Instituto de Naútica y Mineralogía, para ofrecer a la población una formación laboral, impulsa el trazado de la carretera La Carbonera, defiende la construcción de El Musel y presenta, en 1782 su Plan de Mejoras, que contiene los principios que, a su parecer, deberían regir el desarrollo humano; pero, debido a las guerras y a las invasiones francesas, Gijón sufriría un retroceso que duraría hasta las últimas décadas del siglo, que es cuando comienzan las mejoras en las infraestructuras y cuando, gracias a que posee el mejor puerto de la provincia, se instalen pequeñas fábricas con las que comienza la actividad industrial.
Industrialización
A mediados del siglo XIX, comenzaron a construirse las vías de comunicación: la carretera de la Carbonera en 1842; el ferrocarril de Langreo, en 1852 y el paso de trenes de Pajares, en 1864. El muelle fue ampliado, pero no siendo esto suficiente, se tuvo que construir un nuevo emplazamiento: las obras de El Musel comenzaron en 1892, que llegaría a convertirse en el principal puerto carbonero de España. A la par que la ciudad prosperaba también lo hacía su población, que llegó a ser la más numerosa de Asturias…hasta que llegó la Guerra Civil.
Gijón fue fiel al régimen legítimo, la República, y la dirección política republicana de Asturias se trasladó a la ciudad, que llegó incluso a ser la sede del Consejo Soberano del Gobierno de Asturias y León. Sin embargo, en octubre de 1937, Asturias cayó en manos del bando franquista.
Las consecuencias de la guerra dejaron huellas tanto sobre el patrimonio histórico como sobre el monumental. Tras la guerra hubo que retomar el proceso industrializador: miles de personas obtuvieron empleo en la siderurgia y en los astilleros y se produjo un auge demográfico: la respuesta urbanística al mismo, fue la peor que hubiera podido haber.
La actualidad de Gijón
En los años ochenta hubo un declive en los sectores minero, naval y siderúrgico, pero el final de la dictadura también significó una nueva forma de construcción de la ciudad, creando un Gijón revitalizado.
Tras los años de reconversión, Gijón consiguió mantener su industria: su actividad económica representa un tercio de la asturiana y los datos de empleo y renta familiar se sitúan por encima de la media regional.
Además, en los últimos años la ciudad ha sufrido un gran progreso en el sector terciario, especialmente en el turismo, a lo que ha contribuido una remodelación general: un campus universitario, un Parque Científico-Tecnológico, la red de museos municipales, los espacios públicos recuperados, nuevas zonas verdes y propuestas escultóricas y arquitectónicas innovadoras, además de una creciente actividad cultural y lúdica.